
Por la prevención del abuso y el maltrato infantil
19 de Noviembre
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05-03-2011
"Solo esta vez más, te lo prometo"
La mayoría son niñas de 4 a 7 años. Los malos, papá, el abuelo, un tío, el novio de mamá... Apenas un 5% de los abusos sexuales a menores llegan a los jueces
Si te quedas quietita te juro que no lo hago más. Solo esta vez más, te lo prometo. Después de abusar de su hija, Agustín se sentaba en la cama de la cría y le pedía perdón. Lloraba y mentía a rabiar. La pesadilla de Ana duró de los 5 a los 14 años, cuando lo vomitó en el colegio. La directora del centro y su madre la creyeron y apoyaron. Pero la Justicia quería pruebas y no las había. Agustín sigue siendo ese comercial simpático con alguna raya de más en la nariz que campa a sus anchas por numerosas capitales de provincia vendiendo productos de perfumería. Ana digiere como puede una depresión con la que llegó a bordear el suicidio.
Ahora está saliendo de ella. Con los 25 recién cumplidos, ha enhebrado una relación afectiva con un chico -el sexo me costó, pero a base de cariño lo he conseguido, creo- y estudia tercero de Psicología. Pero supura sufrimiento, impotencia e indignación por culpa de un sistema que ni nos protege ni hace justicia, pese a ser un problema de esta magnitud. Si buscan historias felices, pasen de página. Éstas son tan tristes e invisibles que cuesta creérselas. Porque pasan en casa, con la puerta del dormitorio o del baño cerrada. Y el temor a contarlo, a romper la familia, a que no te crean es tan grande que te lo guardas, se sinceran la decena de víctimas consultadas para este reportaje.
Testimonios extremadamente duros, decisiones judiciales contradictorias, la tibieza de algunos servicios sociales... Muchos aspectos resultan increíbles cuando te asomas a este fenómeno mucho más extendido de lo que la sociedad puede o quiere creer. ¿Cómo se explica entonces que un país con una treintena de instituciones dirigidas a proteger y atender a los niños -tantas como comunidades autónomas, más las duplicadas en varias provincias y ayuntamientos y las de la Administración central- carezca de una estadística contrastada y detallada de la evolución de los abusos sexuales en la infancia? Los más de veinte abogados, psiquiatras, psicólogos, víctimas y trabajadores sociales entrevistados en estas líneas responden algo parecido: Casi siempre ocurre dentro de la familia y es muy complicado romper ese silencio. Si no se cuenta, si apenas se denuncia, el problema no existe.
En realidad, afecta al 23% de las niñas y al 15% de los niños españoles, según el estudio de Félix López Sánchez, catedrático de Psicología de la Sexualidad de la Universidad de Salamanca. Publicado en la década pasada, es el primero y el último realizado en nuestro país con cifras nacionales, que no se alejan de los trabajos de otros países como EE UU, donde apuntan una prevalencia del 27% en mujeres y del 16% en hombres.
De nuevo, suena exagerado. Pero al ir analizando con lupa algunos datos regionales no lo parece tanto. En 2010, la consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de Andalucía ha detectado 700 casos. Se-te-cien-tos. Con dos ceros. Un 1.000% más que hace siete años, cuando el servicio creado hace una década para tratar los abusos sexuales a menores atendió a 74 niños. Nos llama la atención el número, pero nos tranquiliza saber que estamos llegando a situaciones que ya estaban ahí pero que no salían a la luz, explica un portavoz.
Las tres diputaciones vascas han atendido el último año a un centenar largo de críos. En la asociación vizcaína Garaitza una veintena de personas siguen tratamiento. Se sienten indefensas. La ley no les ampara, denuncia la terapeuta Carmen Escudero. Los que sigan pensando que violar a un niño o estimularse con él son cosas que sólo pasaban en los colegios de curas, pueden preguntar también en Madrid. El centro multidisciplinar del Gobierno de Esperanza Aguirre -junto al andaluz, uno de los pioneros- ha abierto más de 310 expedientes este año. El pasado fueron 351.
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